Destino: la Patagonia
La Patagonia.
Uno de los paisajes más inhóspitos del mundo.
Pero que a su vez, posee una magia inexplicable:
Sonará raro, pero de esta forma, uno consigue conectar con la gente con la que viajas y con el entorno. Sea por la inmensidad o sea por la soledad que te abraza, un viaje por estas carreteras es algo que se podría explicar, pero se quedaría corto con lo que realmente se siente.
Quizás lo pueda explicar con una canción [es muy recomendable darle al play y luego leer lo que viene a continuación]:
Primero sientes paz. Poco a poco, te recuestas sobre el asiento del coche y te paras a reflexionar sobre infinidad de cosas, tan infinitas como las horas que parecen pasar.
De repente, tu cara cambia. Ahora estás triste. Pero no triste porque hayas suspendido alguna asignatura y sabes que tienes que recuperarla con la Ardid. Sino porque hay una serenidad tan completiva... Todos tus problemas se esfuman temporalmente.
Y es por eso que lloras, porque te da un respiro, un tiempo valiosísimo para poder regenerarte de todo lo malo que te haya pasado.
Luego miras a tu lado, y ves que los demás están sintiendo algo parecido. Llegas a entender (aceptar ya es otra cosa) por qué actúan así los que viajan contigo. Es un momento de conversaciones entre almas, en el que ninguno de los músculos que le dan movilidad a la boca se atreve a gesticular algo. Parece estar diseñado por la naturaleza para el momento oportuno. Instantes de vulnerabilidad, heridas perceptibles por un sexto sentido.
Estos paisajes, viajes, carreteras... te hacen conectar con los demás y te hace pensar que tu futuro quizás no es tan oscuro como pensabas (tanto como mi piel después de unos días en la playa).



Comments
Post a Comment